JOSE ANTONIO PÉREZ LOSADA

José Antonio Pérez Losada

Web de José Antonio Pérez Losada, literatura y pintura.

Crónica al alba

Poesía para leer

agosto 2012 por José Antonio Pérez Losada

Primera parte

I. ELLA I

Ella espiga y pájaro en la mirada, el aire acaricia su
piel como el mar la playa. Yo soñé que la noche era ella;
el sueño en mi cabeza era luz, yo soñé que el sueño era
ella.

Ella, el mar y el tiempo, mis compañeros.

Yo que en mi soledad hago versos
habitados de la respiración del día y de la vigilia de la noche,
de alba y de niebla, del eco de sonoras campanas y del sueño
del hombre:

El hombre ese barro sin terminar
ese vuelo de palomas en el rojizo
transparente del atardecer,
manantial que duerme húmedo y sonoro,
caminante que se busca.

Sin ella soy esa paloma triste que no encuentra descanso.
Soy la lluvia de otoño en los robles.
Soy el eco confuso de una canción.

Yo que he muerto y he renacido, necesito su
piel, el cascabel de sus palabras, las perlas oscuras de sus
ojos, el rojo tenue de sus labios, el caminar alegre
de su compañía; el sueño de su sueño.

Calva calavera, tu sabes que la muerte es no tenerla.

1

II. ELLA Y LAS OLAS

Ella y las olas, las aguas cristalinas acarician la playa.
Ella y el viento, el aire húmedo y salino acaricia su pelo
su ondulado pelo castaño.

Ella y el mar, susurro de canciones en mi memoria.

La noche habla en la calle, camino por el laberinto,
sueño, me recuerdo. Espejo: transparente límite de la
materia. Me veo, me observo, y mi imagen se desvanece
en la sombra.

Sueño; el verso soy yo sintiendo el
mar. El mar: el despertar,
beber cálido vino, el otoño dorado y la fresca primavera,
los ojos de un niño, el cansancio de la tarde…

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III. AUTORRETRATO

El viento murmura en las caracolas de la
playa; como esqueleto de un viejo
barco sueño. Me sé salino y sombreado
de espejos.

La canción del mendigo me trae la noche.
Me visto de oscuro y camino por las enlosadas calles:
la soledad aceptada, la intransigencia
tenue del ser. La luz me cegó un día y soy
esto que veis; trágico y nostálgico, merecedor
del paraíso y del profundo abismo; siervo
del espíritu, luz en la noche, vida que me
toca vivir.

He caminado demasiado aprisa, los perros
seguían mis talones; he dudado de ti amigo,
de ti mujer; sonámbulo herido
he caminado, era un tiempo triste.

El viento murmura en la playa desierta
solos la tarde y el sol se veían.

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IV. ELLA II

El mar acaricia tu piel, yo fui espejo
ahora soy agua; he cantado bajo la lluvia
viejas canciones, soy árbol.

El tiempo nos perfila cual escultor,
nos da forma, somos dos seres de barro
caminando bajo las estaciones: el otoño habla de viento,
el verano de agua.

Tu pelo se arremolina en mis ojos, tu
sonrisa anida en mi alma, tus ojos
son la luz que guía mis pasos en el silencio
de los días.

Yo he sido la tormenta, he sido el dolor y la
noche; herido, sonámbulo en la búsqueda
del camino.

Amor ese pan dulce y esa agua fresca;
ese vino en el que me mezo suavemente.

Tu ser, el hechizo que me une a la vida.

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V. EL SUEÑO Y LOS DÍAS

El mar, ecos en las olas.

La tarde está poblada de sueño;
el sueño de la tarde habla en las voces
y en los rostros.

Yo también soñé: sueño de
caracola y de roble.

Soñé contigo, el pájaro del crepúsculo
nos miraba; soñé contigo
el azul de la tarde eran tus pupilas;
la sombra fresca tu cuerpo ligero claro y
sereno; como el agua que refleja mi rostro
en el estanque amarillo del parque.

Ayer, memoria que se esfuma como las nubes
he lavado mi conciencia en el agua de la vida;
he ganado, he perdido; he pagado el
tributo de mis deudas de amor.

Ayer, se ha esfumado en
un vuelo de grullas blancas
en un ramo de azucenas;
ha muerto viejo y cansado:
en sus días todo ha existido, todo
menos la luz de tus ojos castaños
que me sacan del desierto
y me unen a la lluvia y al sol,
al día y al viento.

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VI. EL VIEJO Y EL FUEGO

El viejo está sentado al lado de la
gran chimenea encendida; medio dormido
piensa, piensa en su caminar.

El mar que ha hundido
tantos bellos veleros, tantos barcos altivos,
tantos barcos recios y sólidos;
no lo ha hundido a él. Fueron muchas
las tormentas, la desesperanza
el miedo la deriva;

– —el mar con su profundo verde
con su profundo azul, está en sus ojos—

Navegar con el ligero viento a proa y el sol
a babor, y él al timón de la rueda
de la vida…

Cuando era joven, fuerte y curtido
parecía el hombre eterno a lomos de las olas;
el viento, no hacía caso del viento, luego
comprendió que era una de las voces del
espíritu de la tierra, del espíritu del mundo.

Cuando era joven la amaba a ella,
trigueña de ojos castaños
mediana estatura, venus eterna de su corazón,
pero lo que más amaba era su alegría;
la gracia de la primavera era su risa.

6

De niño él soñaba con conocer el mar,
conocer su alquimia, adentrarse en él.
Tantas historias oyó, que confuso no sabía
si en el mar había terribles bestias
dulces sirenas, duro trabajo o bellos atardeceres.
Un día se enroló en un velero y partió.

Pronto el sol cambió su piel, el agua curtió su cuerpo;
zarpaba de los puertos; y amaba.

Amó con la naturalidad del agua y la ternura
de los cuerpos entrelazados en otoño;
amó tanto que se hizo llagas.

Con ella
se curó de amor, y el amor fue uno
como el sol.

El viejo está sentado al lado de la gran chimenea
encendida;
nos habla, nos cuenta historias.

Saborea cálido vino tinto, el fuego crepita
y él habla, filosofa. Fuera la quietud
del jardín; el viejo roble esmeraldino
es como él, habitado de tardes y cansancio,
de la luz del crepúsculo del sueño de la vida
y el respirar de las estaciones.

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Algún día morirá y sus amigos lo
enterraremos, pero su espíritu seguirá en
nosotros; seguirá sentado al lado de la
gran chimenea encendida.

Con el transcurrir, nosotros, los que lo amamos,
seremos él; y serán otros los que nos miren
los que nos hablen; beberemos
cálido vino y filosofaremos al lado del fuego.

Cuando llegue la noche y estemos medio dormidos
vendrá la muerte a decirle:
Vamos ven, sal de tu
cuerpo viejo y cansado; el día está radiante,
te espera en el puerto un velero blanco.

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VII. ELLA Y EL NIÑO

El mar y la noche contrapuntean
el alba. La hoguera mágica del día
perfila los contornos.

Ella y el niño, caminan, sonríen;
juegan.

La alquimia poderosa de la vida une
el día y la noche, también los une a ellos. Él, el fruto,
ella la tierra.

En la cuna el niño ríe, ella le canta
canciones al alba; la voz tenue, los ojos
oscuros; el tiempo se detiene en la ventana
la luz envuelve los cuerpos.

Los hombres se resuelven primitivos,
como seres de barro imperfectos e inacabados.

En el remanso de los días, ella le
canta canciones de cuna, él sonríe;
fuera, el desierto, la rudeza,
el trajín de los días sonámbulos,
el miedo al hombre y a la tempestad.

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VIII. LA TARDE

El día acaba y yo lo habito,
la tarde al compás de la ciudad trae
ecos de campanas: los sueños
se avivan como rescoldos en mi
memoria.

El sueño como fruto inseguro
y tenue me alimenta, toma forma
en mi interior, lo recorro y camino.

Soy un recuerdo ahora; la tarde se oscurece
en mi ventana, la ciudad afloja el ritmo;
la luna viejo lucero se asoma.

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IX. FIN DEL CAMINO

Pájaros oscuros huelen el aire
graznan inquietos, el sol débil
se oscurece.

Llueve en el jardín;
un grupo de hombres llevan un féretro
el enterrador al fondo.

Mientras, el llanto de los días y el dolor;
el dolor esa herida que supura, todo lo oscurece,
no nos deja ver la luz.

Llueve, soy un recuerdo
en algunas cabezas que se desvanece en el olvido.
Llueve. El mar permanecerá con su ritmo
monocorde golpeando la playa. Me iré con el llanto
quien sabe a donde, empezaré a aprender
de nuevo el abecedario y el número.

Soñé con un vuelo ligero de palomas,
de tanto ver me quedé ciego,
y el polvo posa sobre mi ventana…

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X. LA CONCIENCIA

El hombre ve al hombre
con sus ojos y su conciencia.

La conciencia es poderosa,mas que las balas.
Es implacable, muerde como un lobo, da
siempre en la diana; el tiempo no importa,
es donde habita.

Yo me pregunto como es la cara de Dios;
creó al hombre, le dio libertad y sueño,
y al final lo espera;
¿cómo será la cara de Dios?.

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XI. EL SER Y EL VIENTO

El mar acaricia la playa.

El viento llama a mi ventana.

Yo le pregunto qué soy,
El viento contesta:
eres barro con sentidos huecos
y un soplo salino de vida.
La noche posa en tu ventana
y el día ilumina tu cabeza.
¿Cuál es tu sueño, hombre de barro
y pisadas húmedas; murmura el viento?
¿Cuál es tu argumento de la vida,
y hasta donde ves con tu cerebro?, murmura el viento.

Cada vez estás más inmóvil, el tiempo agudiza
tus nervios en un acontecer lento, muy lento;
ya casi no sabes por que caminas, ni hacia donde vas.
Sin embargo caminas, sientes el peso de lo andado,
y respiras; eso es lo que importa.

Para ti la vida es así; eres ojos que observan ávidos,
y a veces se cansan de observar.

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A ti te toca observar y contar,
eres un sueño que tiene que crecer
y madurar.

El viento con traje de agua y ojos arco iris,
se va de mi ventana, y yo inmóvil
lo veo alejarse.

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XII. EL MIEDO

El tiempo pasa,
es todo
yo lo habito.

Tu ausencia me produce desasosiego.

Me duele todo, el futuro es un pozo oscuro
el pasado una herida mal curada.

El respirar inquieto, el insomnio,
el miedo al mañana (el cristal duda de su dureza,
parece que se va a romper en trozos
confusos de sueño).

Me parece que a veces la cabeza me funciona mal,
pero soy así;
ser de barro al que el aire lastima
la piel, como en un horno de escultor.

El mundo es el horno,
yo soy el barro.

Dios es el escultor, el buen Dios, pone el soplo,
la geografía el aire, las estrellas la quietud;
y soy como me deja ser.

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XIII. CRISTALES ROTOS

He sido la noche. Los pájaros del alba cantan
canciones de otoño. La noche húmeda
con transparencias. Cuanto vale un hombre;
cuanto valen sus sueños, porque, pregunto
a la noche, solo unos pocos pueden realizarlos.

Es la ausencia de Dios en la tierra.

Y el hombre, pobre hombre camina entre
cemento y hierros, con la soledad de la lluvia.

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XIV EL HOMBRE

Es de noche.
El hombre sueña:

Cisnes blancos, palomas
el ruido del trabajo, el viento arañando la tierra;
la mano tierna en el calor de la alcoba.

El hombre habla:

Palabras, el mundo está lleno
de palabras. Palabras desde el púlpito, desde la tribuna
desde la televisión.

Serios y sabios discursos, huecos, vanos.
El hombre olvida al hombre, al hermano,
al igual.

El hombre actúa:

Mata, hiere, traiciona;
en las calles la bala, el cuchillo,
la burla, el odio, el rumor, la indiferencia…

Es de noche
el hombre sueña:

Las estrellas, el mar,
las oscuras transparencias de la luz lunar;
la placidez, la tibieza;
unas manos que acarician, un niño durmiendo.

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El hombre sueña un sueño de blanca caracola
varada en la playa, en la playa del crepúsculo
cuando el sol se pone.

El hombre sueña, el mar acaricia la playa
esta noche, en que la luna habla de quietud.

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XV. ELLA Y EL

Es de noche,
la lluvia hiere las magnolias
en el parque.

Ella y él se besan, en un día
anochecido en el transcurrir del otoño.

Los días pasan y se esfuman, en la
memoria nos queda el suave paso
del camino andado.
Los días pasan y se esfuman,
sólo queda la huella de su
paso en nuestras memorias.

Ella y él se besan, en un día atardecido
de otoño. El silencio de la tarde. La noche
habla de amor, ellos caminan por el parque
con las manos unidas; el aire mueve
las hojas de los árboles;
sueño de amor en sus ojos.

Ella y él se besan, solo importa eso…

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XVI. EL POEMA Y LA TARDE

He escrito versos como la noche
o la aurora. He sentido el vacío de las
olas en el mar, en un mundo que por lo
general funciona correctamente.

El hombre camina por las calles,
llora, sonríe, trabaja; camina.

El día en que nació vio el principio y lo entendió,
en un atardecer verá el ocaso y lo entenderá;
mientras el paso de los días y las noches, persiguiendo
alguna idea, bocetando algún pensamiento, amando.

Pero hoy se aproxima el verano, con su traje de
luz y su sombra de agua, con su trajín
más alegre.

He soñado el sueño de la noche, he caminado
por sus angostas calles, apenas he comprendido
algo, sin embargo la noche aquí en el noroeste
tiene el encanto de la piedra y el fuego.
La noche reino desértico del sueño
de la penumbra de lo sombrío.

20

Segunda parte

I. LA MASCARA

¿Sabes?, he visto a Cristo en
aquel hombre, estaba allí.
En su cara he visto el rostro del amor,
en su cuerpo la fuerza.
Lo he visto en distintos días,
en distintos años.

Concluí que era un hombre
extraño con bastante misterio,
que me atraía.

¿Sabes?, tu no me ves como soy.
Tu me ves a través de mi máscara,
de la máscara que yo me pongo
para ocultarme.

Si me vieras sin ella, a lo mejor no te gustaba,
sería elemental;

verías mi naturaleza, mi fuerza y
mi debilidad; mis sueños y mi
realidad.

Somos así, nos ponemos máscaras
para ocultarnos, para
que no nos hieran los otros;
ellos que son como nosotros
con otras máscaras.

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II. EL POEMA

Las palabras se quedan pequeñas,
son pequeñas gotas de agua en el mar.

El poeta compone sus versos, con
matemática sabia; los teje con rayos de sol
y materia vegetal. Pero el verso tiene
poco poder, no puede cambiar el mundo,
ni al hombre.

El poema, entonces, ¿para qué sirve el poema?;
para contar, para crear estados bellos o agudos.
Son visiones del mundo, desgranados de una rosa
como pétalos, del licor del fruto de la vida.

El hombre sensible llora, y la palabra
del poema no lo consuela; sin embargo
el libro de versos es un buen amigo.

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III. EL SISTEMA O LA MAQUINA Y LA MASCARA

Ha salido la luna hoy,
una hermosa luna llena.

No sé si Dios existe o no,
me gustaría,
lo que sé es que no lo veo por ninguna parte,
por mucho que miro.

La palabra sirve de poco, de muy poco,
es un leve consuelo para un náufrago
sin tabla que soy yo.

El mundo gira sobre su eje.
Las personas deambulan por su mecanismo,
cual máquina fría; el trabajo es uno de sus
mecanismos básicos. La máquina la inventaron
los hombres y el tiempo, pero generó una
gigantesca cabeza, que nos controla
a todos; tiene el poder de que todos nos
vigilemos, y que nadie esté
totalmente a salvo de los demás.
Su arma es el miedo.

Yo soy un siervo tras una máscara:
del mar, del río cristalino en verano,
de la hiedra esmeraldina que trepa por la piedra,
del buen corazón, del amor,
de la mano tierna del amigo.

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Y claro, como los demás, también
necesito formar parte de la máquina,
de ese mecanismo impersonal
frío y distante, que es la máquina.

Para lo cual uso una máscara. Una
máscara parecida al cristal.

La máscara tiene defectos, pero estoy
trabajando en ella. Yo y la máscara
tenemos que producir resultados;
sin resultados la máscara no vale,
no cumple su fin.

La máquina necesita siervos a los que
exige fidelidad absoluta:

Tienes que ser fuerte y sano,
bien educado, aseado y peinado;
tienes que tener deseos
obsesivos y compulsivos
de dinero y un buen trabajo (un buen
trabajo de funcionario superior y distante;
o de ejecutivo agresivo e implacable, o de
empresario audaz, astuto y rico);

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a las puertas de un caro coche, a las ventanas
de un buen caro y céntrico piso en la
ciudad, y una sólida casa en el campo
o en la playa,

o un buen puesto político;
tienes que ser implacable
enérgico y agresivo.

Sino la máscara es de cartón y no de
acerada electricidad.

Y la máquina, sino, no te da un sitio cómodo
para vivir, te margina, te da un sustento
escaso y te produce enfermedad (a unos no,
a otros sí; enfermedad de la que tienes que curarte,
con ayuda, con suerte, con amor, con esfuerzo).

25

Sólo queremos hacer realidad
nuestros sueños humanos.

La máquina somos todos, todos le damos vida
todos los días; no nos damos cuenta.

Pero la máquina apenas tiene sentimientos,
produce defectuosamente desempleo y bajos
salarios.

La mayoría se adaptan, a un monocorde
trabajo, tienen que comer;
de ocho o nueve horas con un salario escaso
para una vida cómoda, decente y feliz; casi siempre
con un tirano por jefe.

O se meten comerciantes con distinta suerte
y tamaño.

Otros que su sensibilidad no les permite
soportar el mecánico mecanismo,
frío y distante de la máquina;
se abandonan a las drogas y al alcohol.

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O son mendigos pidiendo monedas
O viven de alguna herencia.

Otros se convierten en ladrones, traficantes,
delincuentes, asesinos.

Otros enloquecen,
o venden su cuerpo por dinero.

Finalmente los que quedan, son
artistas o escritores o científicos
o intelectuales, que malviven
vendiendo sus obras; los hay que viven mejor;
sólo unos pocos logran el éxito y el reconocimiento,
la riqueza.

Algunos lo logran a título póstumo;
otros nunca, nunca existieron,
otros se suicidan.

Hoy llueve aquí en el Noroeste, donde
vivo, bajo la lluvia se oye un monótono
canto de danza.

27

IV. EL JOVEN ICARO

Como ICARO, él o ella han volado muy cerca del sol;
no les gustaba la realidad en la que vivían, no
se gustaban a sí mismos, creían que no eran auténticos;
y emprendieron el vuelo hacia otras realidades que
ellos creían que existían.

Sus alas eran producto de una planta,
la sustancia le producía una identidad
vibrante: era uno con el todo, y el todo formaba
parte de él, lo hacía espiritual,
le producía amor y armonía, puro amor desinteresado.

Pero el hombre y la mujer no querían
su amor.

Cual aéreo argonauta siguió muchas
corrientes de aire
divisó muchos paisajes. Amó en espacios
tibios, el amor templaba su mente, como en
un fuego de fundición; todo era suave,
tibio; habitaba un mundo sensorial, que era,
sin duda alguna el paraíso terrenal (al menos eso
sentía).

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Pero como a ICARO el sol derritió sus alas
de cera; la planta hizo saltar en mil
trozos sus nervios,
confundió su cabeza
destruyó su fuerza, eliminó sus defensas, su voluntad,
su resistencia, su libre albedrío; y lo dejó (cual
castillo asaltado) a merced del hombre.

Y el hombre y la mujer lo odiaron,
lo odiaron cual locas bestias poderosas;
y descendió a los infiernos.

En los infiernos, había soledad, dolor y locura.
Allí habitó largo tiempo, en el infierno
más terrible.

El amor y la amistad se esfumaron,
el paraíso desapareció como por encanto.

Sólo existía el dolor más agudo, la soledad
más fría, y la locura cual espejo quebrado.

Cuantas veces se arrepintió ICARO, de haber emprendido
el vuelo, en aquel infierno.

Allí vivió sin esperanza, hasta que
se fue curando, con la medicina, el amor, la reflexión,
la paciencia, su esfuerzo, su naturaleza,
y el aéreo y salino tiempo.

29

Hoy ve al hombre y a la mujer, al ciego
y monocorde hombre, en su mecanismo cotidiano:
tras el dinero, tras el poder, hiriéndose
entre ellos para llegar el primero,
obsesionado para que el otro no llegue,
obsesionado para ser el jefe y tiranizar al de al lado.

El le pregunta, ¿adónde vas salpicando
tanto odio; cómo estás tan ciego; cómo odias tanto;
cómo eres tan cruel?;

si quizás quien sabe, a lo mejor no eres el único
dueño de tu existencia, ni estás tan a salvo de los
demás.

Pero el hombre no le responde, sigue veloz
en su carrera, cuyo final (a él se le olvida
en su frenesí) es la muerte.

30

Pero a ICARO el sol, Dios el más allá,
le dieron un premio, por su deseo de luz y calor,
de unirse a él;

Y un castigo, por su atrevimiento humano;
la cara y la cruz de una moneda:

le permitió que viviera, conociera y experimentara,
que sufriera y aprendiera,
durante años; la locura y la cordura,
la pobreza y la riqueza, la ignorancia y
la sabiduría; de los hombres, del mundo,
y la suya propia;
a modo de infierno, purgatorio y paraíso.

31

El sol, Dios, el más allá; lo condenaron a habitar
y vivir en esos tres laberintos parte de su vida.

Le dieron un destino.

Y el amor y los sentimientos que andan por el medio.

Para que ICARO comprendiera.

Para que ICARO comprendiera
con su esfuerzo, tres cosas:

La primera: que la cordura es mejor que la locura,
que la riqueza (la abundancia) es mejor que la
pobreza (la escasez), que la sabiduría es mejor que
la ignorancia.

La segunda: que entre locura y cordura,
riqueza y pobreza, ignorancia y sabiduría
hay una contradicción, que se puede superar
por un lado, el lado del esfuerzo, la paciencia, la voluntad.

32

La tercera: que se relacionan entre ellas
a modo de círculos concéntricos a él mismo,
al hombre.

El primer círculo, es el de la cordura y la locura;
el segundo círculo, es el círculo de la pobreza y
la riqueza;
el tercer círculo, es el círculo de la sabiduría
y la ignorancia, el círculo del conocimiento.

El trabajo es algo común a los tres círculos.

Son círculos que se complementan.

Sólo se puede pasar de un círculo a otro conociéndolo;
cuando sepas de verdad, el círculo se cerrará,
tú lo sabrás, y pasarás al siguiente. Hallarás la puerta
de salida, saldrás de ese laberinto, estarás equilibrado
en ese círculo y sabrás del.

Tal fue la sentencia del sol:
la condena y el premio al mismo tiempo.

Y el amor y los sentimientos que andan por el medio.

El sol fue benevolente contigo
joven ICARO. A otros viajeros, también valientes
intrépidos y arriesgados, no les permite vivir
más en la tierra, y les envía la muerte,
a otros les da otras cosas, quizás maravillosas
quizás terribles, quizás ambas a la vez.
A otros no les da nada.

33

V. EN MEMORIA

Abril de 1995

Mar frío, húmedo y grisáceo.
Explotó el mundo en una tormenta.
Solos el mar y el cielo se veían.

Caminamos, caminantes, por un laberinto;
vivimos una vida, desconocemos a ciencia cierta
su causa; y pasamos.

Unos tienen destino, otros no.

Tenemos que recorrer un camino
que no sabemos cuando se acaba.
Caminar, caminar, con fatiga
con dolor, con desesperación.
Será que yo soy miope y no veo
más que el dolor y la fatiga y
el miedo. Será que los días claros
se acaban pronto y sólo queda esta
oscuridad que todo lo envuelve
y en la que lloro, lloro como un
niño amargamente
de impotencia.

34

VI. LA SOLEDAD Y LA CANCIÓN

El mar suena bajo mi ventana.
El caos me habita con el orden
en un descontrol más o menos controlado.

El hombre qué es, qué es el hombre
pregunto a la noche y al día,
al tiempo que lento pasa delante
de mi ventana. La soledad, es ese sentir
triste que nos habita, que
llega al extremo de hacernos habitar
la miseria más absoluta.

Sin embargo el tacto del ser amado
nos une a la vida y al sol, a la luz
y al aire. El miedo nos clava su
navaja y nos hace pequeños y tristes,
indefensos; oscuros y miserables.

Bajo mi ventana alguien canta
una canción, es como la lluvia
en verano, como el sol en invierno.

Suena la canción del hombre
bajo la ventana,
habla de un sueño extraño y cotidiano;
de anocheceres bajo la luna y
días fatigados;
de sentir y pensar hasta que duele,
de la herida de cristal que sangra,
de la percepción incierta del ser.

35

Al principio era creyente, pero
la palabra DIOS, es una palabra
difícil, de difícil comprensión,
la más difícil del lenguaje humano,
y me mantengo en la duda de su existencia.

A partir de un punto determinado,
lo deduzco y también me induzco
a mí mismo. Pero hay tantas preguntas
sin respuestas, faltan tantas piezas en el
rompecabezas, que no se ve bien su imagen,
ni se comprende.

Sólo puedo creer deduciéndolo, pero no
me lo puedo demostrar a mí mismo.

Bajo la ventana alguien canta
una canción, es tibia como el aire
en otoño, limpia como la primavera.
Sin embargo la soledad nos habita
a contrapunto, tanto, que ya nos
acostumbramos a ella.

El tacto de la amada nos une a la luz,
la visión de los que amamos
nos une a la vida y al día,
al aire, al alimento.

36

VII. EL HOMBRE DEL SIGLO XX

He escrito canciones tristes,
tristes poemas. Hoy quiero
hablar del vacío y la soledad, del dolor
que hay en el hombre.

Hombre del siglo XX, has construido
máquinas, has aumentado la producción,
te has enriquecido. Pero el hombre
no es sólo una jornada laboral,
una máquina de producir, un salario que pagar,
una mercancía que comprar, o una moneda de cambio.

Qué tremendo es el vacío, la soledad,
el dolor; y a nadie le importa. No nos damos
cuenta de que tenemos un fin común
dentro de la individualidad.

Esa mirada ajena, ese rostro despreocupado
y egoísta; ese camino sin finalidad,
ese ciego deambulando por los parques
por las calles, por las fábricas,
por las alamedas.

Yo no soy el indicado, lo sé, no estoy limpio,
no soy la pureza personificada. No soy la luz.

Pienso hoy en el caos y la tristeza,
el vacío y la soledad. Cuál es la cura,
cuál el remedio, cuál el alimento.

37

Atardece en mi ventana, la noche se
aproxima y con ella el sueño y el descanso.

Tal vez mi mente necesite reposo y mis sentidos
menos agudeza. Quizás la solución
sea la suerte del vegetal o la
dureza del mineral.

La noche avanza y con ella el sueño,
el descanso, el reposo.

38

VIII. EL FRACASO

El llanto viene a mi mente.

Las olas en la luz del otoño
me producen un llanto de cristal.

Camino por la duda de la existencia.

El absurdo me puebla hoy,
la ausencia de luz es total,
cual ciego camino.

El dolor me envuelve
como una enfermedad,
el miedo asoma cual sudor.

¿Qué soy?

Un sueño que transpira soledad,
el odio de los demás me toca profundo,
el fracaso asoma a mis ojos
cual estrella oscura.

Como un barco que naufraga
en un frío y lejano acantilado.

El fracaso es el caos, es sentir
el absurdo total en el que camino hoy,
la pérdida de sentido, la pérdida del camino,
es sentirme inferior a los demás,
burlado por ellos;

Es sentir que la vida te ha estafado, que te ha engañado;

39

Es la falta de salud,
de dinero, la falta de trabajo
en que realizarse.

Como un espejo roto en el que
veo pasar la tarde.

La noche cual madre extiende
su manto, sus ojos negros me miran
con compasión.

40

IX. EL CAMINO

Haz tus ofrendas al viento,
bebe el agua de la vida,
sueña en el jardín.

Un hombre camina por la calle
de piedra, de empedradas losas
antiguas; el agua y el viento
suenan en los tejados.

Ha sido la noche, con su
silencio oscuro, con su mente
rota en trozos de espejos, con la
herida profunda del amor.

Ha sido la noche, con la
soledad del desierto, con el
sueño herido, a nadie le
importaba, los demás lo ignoraban,
lo odiaban, les molestaba.

El hombre caminaba, terco
en su razonar, herido, sabiendo
a la desesperada mayor su fuerza que las heridas.

41

Buscaba una fuente, un manantial
del que beber sabiduría, la vida;
un jardín en que poder habitar
sin amenazas, buscaba el
amor como la primavera,
un sueño en el que creer, una
mano tierna de amigo.

El camino era arduo, el dolor
intenso, los recursos escasos,
las fuerzas se agotaban, la
desesperación era una conocida
incómoda.

Perdió el mapa de la realidad,
al borde de la vida, la muerte
asomaba , en el fondo del pozo
en el que habitaba, halló una puerta.

42

Empezó a andar lentamente;
la mano tierna del amigo, el amor
como la primavera, un jardín en el que
habitar, un sueño en el que creer, una fuente
en la que beber sabiduría, en la que beber la vida;
llegaron lentamente, muy lentamente,
con esfuerzo.

La noche y el día se unieron,
como él,
haz tus ofrendas al viento,
bebe el agua de la vida,
sueña en el jardín.

43

X. EL HOMBRE DE BARRO

Llueve, se oye un canto de danza,
en silencio camina el hombre,
entre ruidos discordantes,
en silencio camina un hombre.
Por los senderos de la noche camina,
la soledad aceptada, el miedo a sentir,
el miedo al dolor.

Cuéntame una bella historia
hombre de barro, una bella historia
de amor bajo la luna, en las noches
de verano, bajo el roble. Háblame
del mar cristalino acariciando la playa
bajo el sol,
háblame de caracolas blancas varadas
en la arena.

Duermen las barcas embreadas; las barcas danzando
al compás de las olas
en el sueño de la tarde,
en el verano cálido del atlántico.

Háblame hombre de barro,
del mundo y de su alquimia,
del poder que lo hace girar, del alma
que lo alimenta; del sentimiento
del hombre mirando su
ocaso, y del aliento del niño naciendo.

44

Cuéntame una bella historia de amor,
y dime que el hombre no odia, que solamente
son mis sentidos hipersensibles,
mis agudos sentidos vestidos de noche
y mal sueño. Dame al menos la
esperanza de que estoy equivocado.

Un niño juega en la playa a hacer
castillos de arena, en la blanca arena,
las aguas remansan cristalinas, él sonríe
en el calor de la mañana, pequeño
tocado con la alegría del amanecer
y la sonrisa de la mañana.
Tocado de la vida, me sonríe, y juega, juega a
hacer castillos de arena.

El cansancio llega al fin, y tú
te vas hombre de barro. Eres el
hombre que quieren ser todos, siempre
construido y siempre en perpetua
construcción. Te vas por el jardín,
caminando lentamente por la vereda,
por el sendero, por tu sendero
misterioso y claro, difícil y fácil;
todo depende del esfuerzo
del esfuerzo del caminar y del
sentir.

45

La noche queda tenue, las hojas
caen, alfombran la hierba;
y el sueño, el sueño me puebla
y empiezo a habitarlo bajo
las estrellas.

46

XI. LA TARDE

La ciudad atardece mi respiración
en el olvido, y soy eso que veis,
un hombre que camina lento
engolado de verde bajo la tarde.

Solitario y distante, próximo
a la mano tierna del amigo que
me sonríe.

He visto el amor en los ojos de una
mujer, que camina
con pasos tiernos y ligeros,
con ojos de habitar el paraíso.

Pero al jardín donde desemboca
el laberinto, no es tan fácil llegar, si es que existe.

Puede ser también una quimera,
una trampa peligrosa y mortal
para navegantes imprudentes apresurados e
inexpertos, a los que no llega
su alma para recorrerlo, para sentir.

He sido la noche y el sueño
he navegado en mares oscuros,
he visto el amanecer en los ojos
de un niño.
He cantado canciones clara bajo la
lluvia.

47

La soledad consentida, el misterio
grave del ser; he sido eso que visteis
trágico y nostálgico, merecedor del paraíso
o del profundo abismo. He sido la
noche que se duele profunda hasta su
esencia;
he llorado amargas lágrimas
en la oscuridad más absoluta.

Pero el mar, como a un náufrago, me
arrojó un día en la arena blanca
de la playa por la que hoy camino,
recogiendo caracolas y divisando las olas
que en vaivén mecen la tarde
cual licor primitivo y elemental.

48

XII. LOS VERSOS

El mar escribe tu nombre en la arena.

Recurro a la inutilidad del poema,
me gustan las cosas sin aplicación práctica,
objetos que pueden resultar bellos.

El mundo es demasiado práctico, demasiado
monetario. Resulta grato oír del hombre
palabras reflexiones no cotidianas, estados
bellos o agudos. Es un ejercicio que
sustituye al mejor licor.

Escribir versos, leerlos, no te va
a hacer más rico ni más pobre.
Es sentirse hermano del agua
y de la hierba, del árbol, del hombre.
Es sentir que puedes soñar; verte en
varios espejos, elemental e íntimo.
Ver que no estás vacío en la soledad
de las tardes, o en el frío del trabajo
cotidiano.

Soñé la noche en un claroscuro de luna;
el mar hablaba del hombre y su sueño,
de su vanidad.

Somos pobre barro que cuece lentamente
al sol.

49

XIII. EL HOMBRE TRANQUILO

Palabras, el mundo está lleno de palabras.

Llueve sobre las calles, él camina,
es el hombre tranquilo. Su sueño es amplio
como la noche y el mar. Él habla de encontrarse
tras la cortina del teatro y fundirse en un
ser plural. Caminar lento por las
tardes de sol, por el cemento de las aceras; acechando
seres caníbales tras las miradas de máscaras
embrutecidas por las pesadillas y el odio.

El sabe que no es el elegido, no hay elegidos
en la urbe cruel, en el mundo habitado
por el miedo del hombre al hombre y a la muerte;
todos desertaron en un sueño sonámbulo y
el olvido.

La música suena contando una historia,
la luz lunar ilumina el bosque.

Queda la amistad, en el día poblado
de seres ajenos, a los que identificas
como tus semejantes; aunque el parecido
es de cartón cual esculturas realistas que
caminan por las calles.

No entiendo como es que tenemos una mente
tan distinta.

50

Caminan ajenos, y yo los veo como seres
sin sueño. Ellos, deduzco, me verán como
una figura de cara extraña que los mira,
en el transcurrir de la tarde.

Él es el hombre tranquilo, poco amigo
de multitudes enloquecidas; lo vemos
como el amigo que nos tiende la mano,
como esperanza de identidad sin miedos
ni temores.

El día pasa con sus sonidos habituales,
yo hoy tengo sed de fuerza y luna,
de fuego y piedra,
de belleza tras la puerta.

51

XIV.- LA TARDE Y EL SUEÑO

He perdido el tiempo persiguiendo
quimeras imposibles,
persiguiendo a un gran pájaro para
volar asido a su espalda.

Como cristal me he quebrado en
trozos confusos de sueño. Perder el norte
y navegar en la nada, en ese
oscuro sueño que es la tarde enferma.

Sólo queda un dolor nervioso cual
segunda piel.

El sueño se ha quebrado en trozos
dispersos en la tarde lastimera.

Queda un llanto sin lágrimas
en la soledad de la noche…, y preguntas
sin respuestas vagabundeando por
mi mente y el insomnio.

Ayer, era fuerte como el viento,
hoy soy débil, me he roto cual espejo
apedreado, en la
tarde sonámbula que me mira
sin compasión.

Camino en un laberinto,
la gente se apresura por llegar al trabajo,
en un mecanismo cotidiano a contrapunto.

52

El loco saluda a los apresurados ciudadanos
y se ríe con carcajadas que asustan
a las palomas y a los hombres que
miran su reloj, cual pesadilla
de la que desean despertarse
en la mañana blanca de abril.

Solos la tarde y el sol se veían,
el hombre camina por la playa
a la bruma del amanecer.

Solos la tarde y el sol se veían,
el sueño me pobló un día y soy
eso que veis, en la tarde
crepuscular del verano, caminando
por la ciudad a contrapunto; ensombrecido
de sauces, buscando la frescura de
la piel del agua en las viejas piedras,
en la tarde anochecida en una
ciudad cálida del noroeste

Aquí donde la matemática es una
con el paisaje, y la noche puebla
de estrellas las calles de cemento y
las farolas luminosas del verano.

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