Pensamientos y Poemas I – Los colores del fuego
Poesía para leer
septiembre 2013 por José Antonio Pérez Losada
I. La muerte la soledad y mi ventana
La muerte roza mi ventana.
Soy ese hombre, que a veces
despreciáis. Y no me gusta la soledad
especialmente; adoro
la comunidad y la comunidad de los
sentidos.
Soy ese hombre, que a veces
despreciáis y que os asusta.
No hay compasión en esta
tarde de aldea, la crueldad
resbala por las paredes;
a veces, como ahora, no me
importaría morir.
A veces soy como la enfermedad
de un vuelo de palomas
en el infierno, en el que he vivido y
del que he salido.
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El hombre no tiene poder para
cambiar el mundo, nadie solo
puede cambiar el mundo; hacer
un mundo mejor, diseñar inventar
y crearlo, corrigiendo para bien de todos
el que hay, y buscar la conformidad del hombre.
Otros hombres, el mundo, asesinarían
a ese hombre cuando pasase
de su pensamiento a la acción;
o determinarían que se trata de un loco,
al que hay que encerrar.
El hombre no es DIOS, y DIOS se
esconde para el hombre bajo su propio
nombre, en la duda, lo dudoso: ni
verdadero ni falso, imposible la demostración.
Aunque ese hombre fuera un nuevo Cristo.
Y sabéis por qué…., porque los hombres
los poderes, las religiones, no lo reconocerían;
creo que lo volverían a crucificar.
Es bien cierto que la unión de los hombres
hace la fuerza; y la única manera.
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II. Reflexión I
Aquí, hoy, en un lugar
cualquiera.
El sueño, sueño soy,
en el sueño vivo.
Quisiera despertar, ser más
concreto, más claro; como
el agua. El amor, la amistad,
la alegría, la concreción sensual
de los sentidos.
Y no la nada, el caos, el adormecimiento,
la insensibilidad progresiva; el miedo
a romperme en trozos confusos y doloridos
de sueño.
No sé para qué existo, ni porqué;
simplemente vivo, trabajo,
hago algunas cosas, camino.
Soy de carne y hueso, un día me moriré.
Queda aún llanto y dolor;
y la impotencia de no saber las respuestas.
La ceguera con la que camino.
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III. El verano, la ciudad. El mendigo
Quien soy quien eres.
Si tienes salud, tanto de cuerpo
como de mente; y no tienes trabajo
o dinero para vivir;
puedes ser un mendigo que pide
monedas, aunque tengas familia
e hijos que mantener.
Con distintos orígenes y circunstancias
diversas.
La gente pasará a tu lado, ajenos,
en su vida cotidiana; y tendrás
que ver su bienestar, sus risas;
sus atareamientos.
Mirarán para ti con compasión,
y algunos te darán alguna moneda.
Otros mirarán con agresividad
y se reirán;
les molesta tu presencia
pidiendo alguna moneda;
dirán que eres un vago
o un drogadicto o un borracho;
o un arrepentido;
o un loco.
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Y que no tienes derecho a vivir.
Pero el trabajo digno (aunque sólo sea
trabajo al sueldo base), dónde está;
se lo ofrece usted….,
que mira desde su traje y su corbata;
o usted desde su bonito vestido
y sus labios rojos: o el gobierno que
gobierna.
Pasan y miran, y piensan con la certeza
de que existen, de que no son ellos,
y nunca es imposible que lo sean,
serán ellos.
Mientras el día transcurre, transcurren
las estaciones; y el dolor del mendigo,
el dolor de no ser nada ni nadie
para los demás,
el dolor de su soledad en la ciudad;
el dolor de su abandono
el dolor del desamparo en el que viven.
Entre comercios que ofrecen
variadas mercancías
que no pueden comprar
en la ciudad laboriosa
en la que no pueden trabajar;
en la ciudad con múltiples casas
en las que no pueden vivir.
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A pesar de las circunstancias
tienen el valor de no suicidarse;
lo mismo que el loco;
quizás esperen a que cambien los tiempos,
quizás esperen un milagro,
quizás esperen la compasión de los demás.
Aman la vida hasta el extremo,
o mucho temen a la muerte;
y quién no.
¿Le gustaría a usted ser mendigo?
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IV. Lluvia
Unos se van, otros se quedan.
Estamos, no sabemos cuando partiremos,
cuando lo harán nuestros padres,
nuestros hijos,
nuestras esposas,
nuestros amigos y conocidos,
nuestros parientes.
Nuestros enemigos.
Tampoco sabemos si hay viaje
con certeza, si hay algún destino
al que llegar; no hay mapas sobre ello.
Ni nadie vino a contarlo.
Caminamos por la mañana y por la tarde,
en el mecanismo productivo;
los fines de semana descansamos,
por la noche soñamos; nos alimentamos.
A lo largo del camino buscamos
compañía, nos enamoramos,
formamos una familia,
tenemos hijos.
Sin embargo, también
sentimos a veces, con mayor o menor intensidad,
la soledad del abandono la soledad del desamparo;
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somos criaturas que caminamos
en la duda, sin demostración
para las preguntas más importantes.
La soledad del abandono la soledad del desamparo;
en la noche en el día entre la gente;
a veces la intensidad es horrible;
parece que nuestra mente se va a romper,
parece que nos vamos a desvanecer en el vacío,
que nuestra memoria se va a borrar
por completo y convertirnos en una planta
ciega que camina sin dirección.
Yo escribo versos, poemas,
es posible que a nadie le interesen;
pero es la forma que tengo de explicarme algo,
de expresar algo mi pensamiento mi conciencia,
mi interior mi contenido mi identidad.
Casi diría que es una forma de hablar solo
con coartada,
de liberarme un poco.
La libertad el libre albedrío,
el destino el azar, la suerte…;
son palabras complejas y contrapuestas.
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Los buenos los malos,
el verdugo la víctima,
el rico el pobre el paro,
la miseria de Africa de Sudamérica
de Asia.
El bienestar de algunos países,
el malestar de otros.
Los crímenes en la calle
los crímenes de estado
los crímenes históricos de las religiones.
La intolerancia el poder absoluto,
la tiranía. La democracia: el sistema
menos malo y el mejor de los conocidos,
en el laberinto de los tiempos;
que tampoco es perfecto y a veces funciona
bastante mal.
Los salarios míseros de muchos
las ganancias exageradas de otros;
el ciudadano que camina entre los extremos,
buscando la mejor forma de acomodarse
al sistema;
otros la mejor forma de vivir.
Libre albedrío azar destino y circunstancias,
la vida, es una mezcla de libre albedrío azar
destino y circunstancias.
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V. Pasa la vida
Pasa la vida.
Pasa la vida con sus sombras.
La vida más bien parece una sombra;
sin ningún objetivo heroico que perseguir,
sin ninguna idea de salvación
sin nadie a quien redimir
sin nadie a quien salvar.
Aquí en esta ciudad en la que vivo,
cómodamente en el noroeste.
La revolución la justicia la fama
la gloria la religión la política;
ni ser un gran hombre;
me atraen para correr enfebrecido y
obsesionado, detrás de ellas.
Pasa la vida, yo dentro de la que me
toca vivir; el amor
con su carro de felicidad, hace ya
algún tiempo que parte sin mí.
Más bien soy gris, soy un hombre gris;
hace tiempo que no estoy alegre;
estoy gris, monocorde insensible
bastante insensible. Ya no me entusiasman
los amigos; creo que no soy
ni Cristo ni Judas;
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más bien camino por la ciudad
y es bien cierto que frecuentemente
poco hay que observar; me canso de mirar
el mismo paisaje humano y urbano.
La vida pasa, el tiempo pasa,
y mi cara envejece, mi cuerpo también;
sin gran cosa que hacer como un árbol.
No hace mucho, tenía sueños,
sueños que perseguir, en los que creer,
que querer realizar. Últimamente todo se ha
vuelto gris.
Ya no acaricio el cuerpo del amor
ya no beso su rostro ni sus labios,
ya no acaricio sus senos.
Ya no río y me sonrío con los amigos,
algunos se han quitado sus máscaras;
se han esfumado como el humo
del cigarrillo que me estoy fumando.
Nada permanece fijo, todo cambia;
yo también lentamente con el calendario,
con las estaciones con los meses y los años.
Cuando la muerte llegue, porque llegará,
no te quepa duda; y me llame por mi nombre
y me pregunte: ¿quién has sido? ¿qué has sido?
¿qué has hecho?, yo le diré, : sólo fui
un árbol que ha intentado amar la vida y
ser feliz. Y ella con su guadaña
me segará de cuajo; y me habitará la carcoma
y seré casa para las hormigas.
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Y mi alma, se la llevará la muerte,
con simpatía quizás, quizás con indiferencia,
o simplemente a puntapiés;
Y tendré un destino, quién sabe,
el que merezca;
sin vanidades ni medallas ni títulos
ni premios, ni artificio ni máscara,
ni enchufes ni recomendaciones,
el que merezca.
Desnudo con una humilde vestidura.
Miraré mi rostro en el espejo de la verdad
y sabré quien soy, sabré lo que soy;
quizás continúe aprendiendo la letra y el número,
o empezaré de nuevo con otros signos;
quizás me extinga como el humo de una hoguera.
Hoy es fin de semana, hace tiempo que no estoy
alegre,
hace tiempo que no amo.
Llueve aquí donde vivo, es de noche,
fumo, escribo este poema;
dentro de un rato me acostaré.
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VI. La crueldad, una tarde de verano
He hecho muchos caminos,
dudado en muchas direcciones.
Realmente no sé cómo no me
suicido;
es el camino más fácil, el menos
doloroso aunque parezca lo contrario.
Quizás resuelva mis dudas,
quizás me extinga. Pero hay veces que el odio
de los demás es tan poderoso…
y el desprecio es tan fuerte. Que a uno
le dan ganas de desaparecer del mapa.
Porqué voy a negarlo; le tengo miedo
a la muerte; soporto poco el dolor y el odio;
con dificultad.
El amor se ríe de mí, con dientes perfectos,
con sonrisa perfecta, con cuerpo perfecto;
con perfecta educación;
me ignora adrede, e incluso a veces
me odia; muchas veces últimamente.
Qué hacer recurrir al alcohol,
para emborrachar la sensibilidad,
para cauterizarla. Solamente se adormece,
y cada vez se despertará con más hambre…
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Uno a veces, se da cuenta;
de que a veces, pierde identidad,
y ya no sabe ni quien es ni en que mundo
vive. La identidad en parte es propia,
en parte te la dan los demás,
los que amas. Pero cuando los que amas
no te aman, se produce un conflicto:
pierdes identidad, pierdes orden control;
navegas en el desorden en el caos;
Y duele el alma profundamente, dolorosamente.
¿Quizás exagero? ¿Creéis?
Yo creo que no exagero, auténtico
como la vida misma.
La náusea, el vómito
el asco de existir; la impotencia;
la ceguera el caos; el dolor.
El asco que me producen los demás,
tan ruines tan miserables tan egoístas.
El asco que me produzco a mí mismo.
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No hay calma, no siento calma
ni tranquilidad ni sosiego;
sólo dolor y rabia, de que las cosas
sean así para mí;
condenado atrapado.
Pensar en la esperanza; hoy no hay
esperanza. Hoy sólo hay crueldad,
la dolorosa crueldad.
Mañana, quizás….
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VII. La noche y los recuerdos
La muerte todo se lo lleva,
y no queda nada,
sólo los recuerdos que a veces
evoca la memoria, como películas;
y la impotencia de no poderlos
materializar en el presente.
Y el dolor y la sorpresa, el miedo
la incertidumbre.
Aprendí que el pensar sólo vale para
escribir libros. Que sólo piensan los
sabios.
Lo aprendí en universidades.
El que no plasma sus pensamientos
en libros, y se los publican con relativo
éxito, no piensa;
sus pensamientos no valen para nada;
resulta que no eres inteligente de verdad.
Vaya estupideces se aprenden a veces
en las universidades.
Me veo en la cocina con una luz tenue,
estoy casi desnudo;
y veo un pobre hombre, en la cocina
con una luz tenue.
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Confusión, es la palabra;
entre ruido y silencios, confusión
al existir.
El desahogo del poema.
Me faltan explicaciones, respuestas
a preguntas.
El llanto, a veces el llanto
es insoportable.
Resulta cómica la imagen,
pero a veces somos plantas
ciegas que caminamos por la calle.
La muerte arrojando todo al vacío,
no queda nada a lo que asirse,
sólo el vacío; la nada. El miedo.
Uno se pregunta porqué tiene la vida
que tiene, y no encuentra la respuesta;
sólo una musiquilla que dice,
que me acuerde que polvo soy y en polvo
me convertiré; …; el destino quizás…;
y una enorme duda que camina conmigo
por la calle, en el coche, cuando amo,
y cuando duermo.
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VIII. La tarde
No entiendo porqué tanto odio,
en la tarde al crepúsculo,
ni tanto dolor.
Efímera es la vida, corta exhalación;
los recuerdos en este momento,
son dolor, dolor que ciega y enloquece.
Quién eres tú, que me ignoras y te burlas,
y ni sabes apenas nada de mí;
me juzgas;
y apenas te conozco.
El mundo no se acabará cuando
tú te mueras, ni cuando yo lo haga.
El dolor, el dolor lo habita todo,
hoy al crepúsculo, como una enfermedad.
El sueño me inunda, con la brisa
de la tarde, en una angustia lentamente
oscura.
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IX. Nocturno
La muerte sigue mis pasos,
lentamente sigue mis pasos.
Inmóvil me mira insistentemente
a los ojos; yo no sé qué hacer,
más que sentir miedo, pavor.
El odio la crueldad resbalan
por las paredes.
El odio la crueldad, amargan y angustian
este anochecer.
Quizás se aproxime la hora de marchar.
Ya el norte y el sur no los marca
bien mi brújula.
Quizás mi tiempo se esté acabando.
Pero exhalo una pregunta que dejó
en el aire mi admirado sabio:
¡para qué tanto penar!
¡por qué tanto odio!
¡para qué tanto dolor!
¡para qué tanto sufrir!
¡Alguien me dirá la respuesta!
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X. Reflexión II
Tiene sentido
la existencia en la tierra
dentro de la eternidad.
Simplemente pasa, que yo
no sé cual es.
Como un ciego, que no sabe quien es,
cual es su nombre;
y que tiene carnet de identidad
y una familia en la que nació,
una partida de nacimiento
y una historia personal.
Pero un ciego, que no sabe quien es,
cual es su nombre…
cual es su destino;
cual la razón de su existencia.
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XI. Anochece. Entre la luz y la oscuridad: al crepúsculo
“Cuando hayas pagado con tu propio dolor,
el dolor que has causado,
entonces estarás en paz.”
Palabras que escribe el poeta,
el filósofo; y en las que creo.
De qué te sirven tus palabras,
poeta, filósofo;
si no puedes cambiar el mundo;
no puedes cambiar ni a una sola persona
ni a un solo ser.
De qué te sirve tu canto:
produce belleza tal vez,
alucinación, agudeza.
Caminamos el sueño de la existencia,
torpemente caminamos.
Alguien nos sueña, a veces,
nos soñamos también nosotros mismos,
y soñamos a los demás;
el azar nos rodea,
el destino también;
a veces, los demás también nos sueñan,
existiendo con independencia de nuestra
cabeza.
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Yo desde ésta mi cronología,
escribo estos versos,
simplemente dando testimonio
de mí y de mundo en el que existo.
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XII. Un retorno
El tiempo se ha detenido,
el viajero después de años
vuelve al mismo lugar,
quizás para resolver el problema,
quizás para curar su herida;
la primera herida de amor
que le hizo la vida,
y que nunca comprendió,
el por qué.
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XIII. La muerte visita a alguien. La mala hora. El suicida.
A nadie le importa si te suicidas o no,
si les importara no actuarían como
lo hacen.
El suicidio no es más que una
de las formas de la muerte.
Es triste que a nadie le importe
de verdad, si te mueres o no;
si les importara no actuarían como
lo hacen.
Llorarán, se deprimirán un tiempo;
pero nadie se culpará, ni nadie
culpará a nadie. Lo has hecho tú solo, te
has asesinado, tú has sido el asesino
y la víctima.
Cada uno continuará con su vida,
a veces de acordarán de ti, que yaces
en el cementerio; incluso te llevarán flores;
y no lo entenderán.
Quizás alguien se pregunte, por qué,
pero no encontrará la respuesta;
dirán que no tenías motivos para
tal acto; que te has vuelto loco;
quizás sea cierto, quizás no.
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Pero tú sí lo entendías. Era el dolor
en su máxima expresión,
la mala conciencia, la enfermedad;
la impotencia del amor;
la falta de cariño del afecto de los demás.
Era el odio. Era el sufrimiento.
Era la falta de recursos económicos para vivir.
Decía un poeta, que palabras amables
pueden convencer a un suicida.
Era el querer y no poder amar;
era la impotencia de no sentirse
querido por los demás. Era el odio.
Era el sufrimiento.
A nadie le importan tus razones,
tus íntimas razones; quizás te
has vuelto loco, quizás no;
más bien, a veces, muchas veces, depende
de la frecuencia, eres un problema que
molesta,
algo que los demás odian íntimamente;
y tú crees que no tienen razones
para hacerlo; porque tú crees que no los odias,
ni nunca los has odiado.
Era la sensación de la crueldad
continua y constante.
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Era la crueldad humana más allá del límite,
de tu límite, en el que todo puede pasar.
Sucede así, le llaman la mala hora.
Pero debes saber, que llamas a la muerte,
llamas a su puerta;
y la tuya no es una muerte natural;
tienes que atenerte a las consecuencias
que se deriven de llamarla.
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XIV. Escribe poeta
Escribe, escribe, escritor;
escribe, escribe, poeta;
no por eso va a cambiar tu vida
un ápice, un milímetro. No por ello
vas a ser mejor ni peor.
La vida es triste, cruel,
cuando falta el amor.
Escribe poeta;
la vida es dura cuando
falta el amor. La vida es agresiva.
El amor es como un sueño
de verdad, que calienta
tus días y tus noches;
es el alimento más preciado
que sacia la sed y alimenta tu mente.
Nos hace felices. Nos hace olvidar
las sombras y el miedo,
la tempestad y el abismo.
La vida es triste, cruel agresiva,
dolorosa, cuando falta el amor.
El amor es el alimento más preciado,
nos hace felices. Y sin embargo
es tan escaso.
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No se compra ni se vende,
como mercancía
en ninguna tienda,
no tiene expresión en dinero;
nace en las personas;
y sin embargo es tan escaso.
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XV. JOB. Me llamo Job
Job, me llamo Job,
llamadme Job.
Me has quitado, la salud el trabajo la fuerza,
el amor de la mujer que amo, del hijo;
de la familia. La amistad de los amigos,
del hombre en general.
También es cierto que en tiempos
todo me lo has dado. Felices tiempos.
Yo busco en mi corazón , el porqué.
Cuando lo haces, es que habrá un porqué;
habrá una razón, muy grave y muy clara,
para tan enorme castigo. Muy poderosa.
Tienes que disculparme, mi falta de memoria
mi falta de claridad; sobre los actos cometidos
hacia ti y los demás y hacia mí mismo.
Pero no encuentro causas suficientes
para el poderoso y aniquilante castigo
que me das.
Entiendo que tengo fallos, que tengo desmanes,
que a veces soy cruel con los demás y poco
tolerante. Que a veces me enfado y altero,
levanto la voz, e incluso amenazo
sin mucha razón para ello. Que trato también
de imponer mi voluntad. Entiendo que
puedo ser interesado, y que a veces
no soy bueno.
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Pero solamente soy parecido a los demás.
Cuando me das este castigo, esta tortura,
esta angustia;
no dudo que sepas lo que haces. Lo que pasa es que
yo no lo entiendo, ni lo veo proporcionado.
Me comparo con los demás, con lo que sé de los demás,
y no lo entiendo.
Quizás sea que me mido con una vara
para mis actos y con otra para el castigo.
Pero siento tu medida desproporcionada.
Al borde de mi resistencia, de mi voluntad,
de mis fuerzas de mi comprensión,
de mi esfuerzo;
estoy situado en estos momentos.
Así que tú dirás, lo que quieres hacer conmigo.
Job, me llamo Job,
llamadme Job.
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XVI. Sueños
He soñado con un ángel luminoso.
He soñado con un demonio horrible.
Me pregunto, cuando muera,
cuál de los dos vendrá a buscarme;
si viene alguien.
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XVII. Los magnolios
Un hombre camina por la calle,
va feliz, se va sintiendo, despreocupado;
el sol luce;
una pareja se besa en el parque
bajo los magnolios;
oigo la radio, el mundo se muestra
agresivo triste egoísta, violento;
Yo me pregunto qué pinto en él,
para qué nací;
la pregunta es un poco tonta, pues lo
mismo pintan los demás;
pero reflexiono sobre mí mismo
y el azar biológico.
Dos jóvenes se besan en el parque
bajo los magnolios, el sol luce,
la imagen es bella, ellos tan jóvenes…
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XVIII. Reflexión III
Un hombre, la nada, el mar.
Quién soy, pregunto al viento de la noche,
a la lluvia a la niebla;
la niebla difumina los camelios,
en el jardín…, los magnolios.
Quién soy, pregunto al día, a las gentes;
cada cual me contesta lo que quiere;
la urbe los coches el cemento los hierros;
el cristal.
Quién soy pregunto al eco: el eco
responde la pregunta con mi voz.
Camino por la oscuridad, la ceguera;
el poco amor de la tarde.
Ya sé quién soy: una planta un árbol
con dos pies: no no sólo soy eso.
Ya sé quién soy: un animal con muchas caras
que anda erguido, que come frutos
y le gusta la sombra: no no sólo soy eso.
Quizás, creo; soy un mineral una roca
pétrea e insensible, que moja la lluvia:
no no sólo soy eso.
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Entonces, quién, o qué diablos eres:
Soy un hombre algo tosco, de andares primitivos,
no tengo nada en especial que me identifique:
soy como tú o aquél; me gusta la noche y el día,
el amanecer y el crepúsculo; sufro a veces,
sufro intensamente, como una herida
profunda y oscura; y nadie me salva, nadie,
salvo el sueño. Dormir es un hábito que
siempre amé.
Un hombre, en la oscuridad de la noche,
ve sus pecados, el daño causado contra el hombre
contra la mujer; y llora íntimamente
y tiene miedo; llama por su amor por su esposa.
De su mente salen lágrimas.
Quizás le absuelvan, quizás le perdonen;
quizás tenga que llorar y sufrir más la verdad,
mucho más; hasta que el a sí mismo también se perdone.
Quizás entonces, le perdonen le absuelvan,
y vea mejor la luz.
Quién, o qué diablos eres:
soy un hombre algo tosco, de andares primitivos;
amo la calidez la compañía, el caminar por
las tardes de verano, la alegría.
En el fondo, no soy más que un poco de oscura
nada, que camina por las tardes viéndome
a mí mismo y a los demás;
en un mundo que no me gusta especialmente.
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XIX. Ingravidez, la noche oscura, la nada
Ingravidez, la noche oscura.
Pasa y siéntate, le digo al pasado;
y cuéntame; háblame de mí
y de los demás.
El tiempo ha pasado, como pasé yo;
el tiempo perdido duele como una herida,
el tiempo pasado: ya niebla en el olvido,
duele como una herida.
Ingravidez, la noche oscura.
El dolor de existir, el miedo.
Reflexiono y me pregunto, si tendré alma;
o si sólo soy materia mecánica órgano,
bioquímica y neurotransmisores, convertido
en energía en mente.
Reflexiono y me pregunto si tendré
alma.
La noche la nada; caminar siempre
hacia delante, fijarse objetivos,
intentar cumplirlos.
De joven de estudiante, deseaba
sobre todo una cosa: aprender
el conocimiento verdadero, auténtico,
unido a la vida.
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Deseaba un maestro, alguien que me lo
enseñara, del que poder aprenderlo todo,
alguien que no me fallara nunca.
La vida, tiene mil caminos;
la vida es como el mar y nosotros
como barcos. Hay muchos tipos de barcos,
pero barcos al fin.
Hoy, ahora, de noche en la ingravidez;
tengo dolor tengo miedo. Miedo
a la nada a morirme y dejar de existir.
Adonde se irán mis recuerdos mi pasado,
adonde me iré yo ¿me esfumaré
me desintegraré como el humo del cigarrillo
que me estoy fumando?
Preguntas, preguntas abisales,
sin respuesta por ahora.
La noche la nada la duda.
Los que fueron en mi pasado;
los que existieron en un espacio
en un tiempo: se difuminaron;
no están en el presente, tantos tantas;
las estaciones las risas la amistad;
el asombro la curiosidad.
Vemos nuestras caras en un espejo
que apenas nos refleja, el espejo del pasado…;
ya apenas nos refleja, y es triste muy triste;
es la evocación de la muerte de la nada,
del olvido.
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XX. Pensamientos
Vuelve a tu sueño, maldita rata,
vuelve al lugar del que saliste.
El sueño y la tarde se veían,
en una bandada de ánades.
Vuelve a tu sueño, aquí no hay nada
a lo que agarrarse, salvo
el suelo.
Yo conocí a una mujer, que
amaba el crepúsculo y el amanecer;
los estados intermedios; amaba
el bosque y la playa, la arena y
la hierba;
cantar canciones bajo la suave lluvia,
mirar el atardecer desde el balcón.
Es horrible que sólo el eco
te responda, en la ciudad entre
la gente. Sólo el silencio y tu eco.
Es la soledad del ser.
Cuantas mañanas he llorado, en días
grises, la soledad del ser.
Nadie, nadie te responde, sólo se oye,
el ruido de las máquinas que teclean dinero.
La producción el mecánico mecanismo
de la producción, del trabajo,
y el hombre metido dentro de él.
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Libérame, oh Dios!, libera mi mente,
y dame alimento;
para poder vivir en este maravilloso
mundo que sólo en pequeñas fracciones
de tiempo vemos a veces.
El amor la sexualidad, hablan de ti,
aunque estés a distancia y a veces
me odies, también a veces yo a ti.
La tarde habla de ti en el crepúsculo.
Y yo, tengo un sueño que a veces me molesta por
imposible, que me hace parecer, loco e irreal.
A veces, la belleza de verte unos instantes
en tu intimidad, como si yo no existiera;
otras veces mi enfado por tu rechazo,
porque siento que te molesto
que preferirías que no estuviera.
Los días pasan, el sueño la pesadilla
la indiferencia; pocas veces amo la vida.
La razón el razonar bien, correcta
agudamente inteligentemente;
tampoco es la panacea la solución perfecta,
la felicidad.
Yo pregunto ¿alguien tiene el secreto
de la buena vida, de la vida totalmente
feliz?, me gustaría conocerlo.
El sueño de la tarde,
en la tarde hay tantos sueños;
yo sólo puedo hablar del mío.
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XXI. La luz
Sólo soy un hombre que no ve la luz.
La muerte y el dolor me acechan,
sólo soy un hombre que no ve la luz.
Pocas cosas más que contar, sólo
esa poderosa sensación de destrucción.
Me doy de cabeza contra la pared,
contra el muro, pero el muro no cae.
La sensación de muerte de dolor,
esa poderosa sensación de aniquilación.
Yo creo que podrías darme,
un pequeño rayo de luz, tú que tienes
tantos;
tú que eres el poder absoluto el bien
y la bondad.
No podrías arreglar un poco mi vida,
nada más un poco de luz,
de amor de tranquilidad de sueño feliz.
Yo que no soy más que un
insignificante y atrevido hombre
mono, lleno de oscuridad y de vicios
ocultos. Ya lo sabes me conoces bien.
Sólo un poco de tu compasión.
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XXII. Éramos
Éramos.
Cantábamos canciones que nadie oía,
teníamos sueños que nadie veía;
nos amábamos, …, casi nadie lo recuerda.
Nosotros, sí nos oíamos, escuchábamos
los sueños de los demás, nos amábamos entre todos.
El tiempo ha pasado, sólo pocos, casi nadie,
reconoce a los demás en el espejo,
las imágenes son borrosas imprecisas;
algunos se han borrado completamente.
Queda un resto de cariño en la conciencia
de algunos. Otros se han desfigurado y transformado,
cual ajenos seres extraños.
Hoy me han dicho que tengo ojos de habitar
el paraíso…., qué más quisiera yo,
que habitar el paraíso.
El paraíso el jardín,
la salida del laberinto: el amor la felicidad
total y duradera, la compañía amistosa
la satisfacción de las necesidades sin esfuerzo
al alcance de la mano;
el mejor sitio donde aprender sabiduría.
Yo no sé por donde se sale del laberinto.
40
XXIII. Reflexión IV. El sentido de la vida
He andado en varias direcciones
recorrido diversos caminos;
me he equivocado muchas veces
he estado confuso otras tantas.
Me he ido arriba y abajo
a la derecha y a la izquierda;
y he llegado a un conclusión,
tal vez estéis de acuerdo conmigo
tal vez no.
El sentido de la vida es existir,
siento pienso me alimento, me doy cuenta
de que existo.
Sentirse a uno mismo y a los demás,
sentir las cosas sentir la existencia,
con control, aprender a amar,
pagar las facturas que las necesidades
de uno demandan;
para algunos el sentido es también crear,
para otros actuar sobre la realidad colectiva;
para otros es intentar ser continuamente feliz.
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Pero no todo es luz transparencia
claridad armonía, amor bondad
amistad belleza;
también hay sombras oscuridad una parte oculta
desorden descontrol.
Temor miedo duda debilidad noche traición,
falta de amor sufrimiento dolor enfermedad,
agresividad odio crueldad violencia.
Muerte.
Para mí la razón de la vida de la existencia,
es simplemente existir para vivir una vida,
la vida de cada cual;
y intentar ser feliz,
como cada cual lo entienda y como
cada cual pueda.
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XXIV. El tiempo
Ser sabio y no ignorante
poseer la abundancia y no la escasez
ser cuerdo y no loco.
Efecto de la lucha de contrarios,
superados por un lado,
el lado del esfuerzo de la paciencia
del aprendizaje.
Tiempo, años de esfuerzo, de lucha.
La vida pasa sin darnos cuenta;
el cuerpo cambia la cara cambia,
los jóvenes te tratan de usted;
los órganos se resienten.
No nos damos cuenta, la vida
se vive de una en una vez.
La impotencia la inercia;
la falta de poder para realizar
tantas cosas tantos sueños tantos deseos.
El miedo al cambio, el miedo a los
cambios.
Yo no soy un hombre valiente;
¿qué es un hombre valiente?: el que no teme
la desgracia, el que no teme a la muerte.
¿Quién es un hombre valiente?.
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El miedo a perder en vez de ganar
con el cambio. El cambio es algo dudoso.
A veces parece elementalmente fácil,
claro natural saludable, sin riesgos;
ventajoso. Y sin embargo pierdes con el cambio.
El terror el fracaso, lo desconocido.
Escribir versos es una manía que algunos
tenemos, carece de efectos secundarios;
puede ser que a algunos les guste,
escribirlos leerlos, no te va a hacer
ni más rico ni más pobre, quizás te produzcan
satisfacción.
En ese caso nos parecemos.
Camina caminante el camino de la noche,
de la oscuridad;
quizás algún día veas más luz.
Quizás la luz duradera te complazca,
de todas formas es un camino difícil.
La oscuridad es la falta de luz.
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XXV. Algunos días tristes…..
Es de noche, comienza el verano.
En la soledad de la habitación,
escribo; escribo estos versos.
En el abandono humano,
del amor y la amistad.
Oigo palabras todo el día.
Los hombres hablan las mujeres hablan
los niños hablan y gritan.
Oigo palabras continuamente;
sin embargo a mí nadie me escucha,
a mí nadie me habla;
en vano me esfuerzo, me aproximo,
intento dialogar.
Vivo en un desierto de comunicación,
de amor de amistad.
A veces los días me pesan mucho,
y llega esta hora, y el cansancio es agotador.
No sé qué hacer, más que soportar su peso
y sufrir el esfuerzo, el esfuerzo
de aguantar el peso.
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XXVI. Sólo soy un pobre hombre que camina
La ciudad, he salido a caminar.
Mi corazón sólo siente el odio
en mi exterior. Será que mi corazón
también tiene odio.
Hoy camino por el caos y el miedo.
Dios, en el que creo,
me pregunto dónde está hoy
para mí.
En el fondo de mi ser, hay sitio también
para la duda. Pero creo en la bondad
en la sabiduría en el amor en el bien;
en el orden en la creación, en la ordenación
divina.
Dios creó el bien y el mal, el amor y el odio.
El bien es superior al mal. El amor es superior
al odio.
Es el juego que existe en la tierra,
desde después del paraíso (por citar la Biblia).
Es la continua lucha, la continua tentación.
Las fuerzas más poderosas que existen.
Pero sólo soy un pobre hombre que camina
por el atardecer, soy un hombre débil.
He visto cosas, que no son mostradas
a los hombres ni a las mujeres.
A pocos seres.
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Sólo soy un pobre hombre herido
que camina por el atardecer,
soy un hombre débil que bastantes veces
supura angustia.
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